1977- 1984. De cómo desde las islas puede dominarse el continente.

Nada menos que 22 años pasaron desde el comienzo de la Copa de Europa hasta la llegada de un histórico como el Liverpool al triunfo. Supondría el inicio de una sucesión de éxitos con marcado acento británico. La victoria en el 83 del Hamburgo alemán, sería un islote en medio del océano que representaban los ocho años de dominio de los “inventores” del fútbol.

La edición de 1977  la disputó para España el Real Madrid y le sirvió para cumplir el castigo de la UEFA. Tenía pendiente una sanción por la que no podría jugar sus dos primeros encuentros en el estadio Santiago Bernabéu. El incidente, se produjo en la semifinal del año anterior frente al Bayern, cuando un aficionado saltó al césped y agredió al colegiado al término del partido. Por lo demás, el equipo pasó la primera ronda y cayó eliminado con el Brujas, en una edición para olvidar.

Pero hablemos del nuevo grande de Europa. El Liverpool eliminó en su primera ronda al Crusaders con dos victorias por 2-0 y 0-5; después, se medirían a los turcos del Trabzonspor, con quien perderían en la ida 1-0 y a los que remontaron en Anfield en 18 minutos ganándoles 3-0; posteriormente, tendría que remontar nuevamente tras perder 1-0 en Saint Etienne, logrando la victoria por 3-1; y finalmente, en semifinales, les tocó luchar frente al Zürich con el que pasaron cómodamente por 1-3 y 3-0.

En la final de Roma, el 25 de mayo de 1977, esperaba el Borussia Mönchengladbach (otro alemán al acecho del Bayern). Sin embargo, el estilo de juego impuesto por Bill Shankly, y excelentemente continuado por su brazo derecho Bob Paisley, basado en la elaboración más que en el tradicional “patadón arriba” de los ingleses, mostró la superioridad de los “reds” ante la opinión internacional. No lo desaprovecharon y con los goles de McDermott, Smith y Neal, vencieron al solitario tanto de Simonsen para los alemanes.

La siguiente temporada llega marcada por el fichaje del gran Kevin Keegan, del Liverpool, por el Hamburgo. Además, la noticia está en Chamartín donde, por primera vez en su historia, el Real Madrid se queda fuera de cualquier competición europea. Al hilo de esto, el representante español este año será el Atlético de Madrid, que llegará hasta los cuartos donde caerá a manos del Brujas.

Por su parte, el fútbol inglés sigue mandando esta temporada en lo que es la constatación de su dominio continental. El Liverpool comienza su andadura eliminando al Dinamo de Dresde por 5-1 en Anfield y una derrota sin importancia por 2-1; en la siguiente ronda, pasan por encima del Benfica ganándoles 2-1 en Da Luz y goleándoles 4-1 en la vuelta; ya en semifinales, se reedita el enfrentamiento de la final anterior y, aunque el Borussia es capaz de ganar en Düsseldorf por 2-1, en la vuelta los “reds” deciden con un 3-0 que serán ellos quienes disputen de nuevo la final de la Copa de Europa.

Y lo harán jugando contra el Brujas, que tuvo que eliminar a la Juventus de Turín, además de a los atléticos, para alcanzar el último partido. Llegó el 10 de mayo de 1978 y en el estadio londinense de Wembley se dirimió si el Liverpool continuaría con su reinado. Fue un partido pobre en el resultado, a pesar de los 19 lanzamientos a puerta que realizaron los futbolistas ingleses pero, el escueto 1-0 anotado por Dalglish en el minuto 64 sirvió para revalidar el título.

Hacia el final de los años 70 existía un vacío que los grandes de Europa no supieron llenar. Desde luego, los clubes emergentes de las islas británicas hicieron méritos para alcanzar el éxito pero, también es cierto que, ni Real Madrid ni Barcelona por España, ni Milán o Inter en Italia, ni Benfica, ni Ajax, ni un potente conjunto alemán que rematara la faena, más allá de sus actuaciones hasta las rondas finales, lograron plantar realmente cara al poderío que llegaba desde Inglaterra.

Mientras, ellos seguían a lo suyo y, con la alternancia de algunos equipos, continuaron ganando. Esta edición sería para un nuevo nombre, el del Nottingham Forest que, mucho antes de ganar el campeonato, echó nada menos que al dos veces Campeón de Europa. Contra todo pronóstico el Liverpool caía eliminado tras perder 2-0 en el City Ground y no pasar del empate en Anfield. Su camino se suavizaría al enfrentarse posteriormente al AEK de Atenas, al que goleó 5-1 en la vuelta. Precisamente, de su casa haría un fortín aprovechando, una vez más, el apoyo de su gente para golear en la ida al Grasshopper por 4-1 y manteniendo el resultado en Suiza.

Las semifinales, disputadas entre el Nottingham y el Colonia por un lado, y entre el Malmö y el Austria de Viena por otro, dejaban clara la teoría esgrimida al principio de estas líneas. No existía un verdadero líder  entre los grandes de Europa.

De todos modos , a la final de Münich llegaron dos equipos merecedores del éxito, que superaron sus eliminatorias por la exigua diferencia de un sólo gol. El 30 de mayo de 1979, el Nottingham Forest y el Malmö disputaron una nueva final de esta competición. El gol de Francis en el minuto 45 despejaría las dudas y encumbró a los ingleses como nuevos reyes del viejo continente.

El año en que termina esta década, se cumplen 25 desde el nacimiento de la competición. Quizá por la efeméride, la final se celebrará en el estadio Santiago Bernabéu, feudo madridista al que se rinde homenaje por la implicación que tuvo hasta conseguir que el proyecto saliera adelante.

En lo deportivo, este era un buen año para que alguno de los grandes recuperara el prestigio. Sin embargo, desde el primer momento se sucedieron las sorpresas. Ni Milán ni Liverpool superaron la ronda de dieciseisavos. Al menos el Ajax había regresado a su mejor nivel y fue superando rivales como si de juveniles se tratase: 16-2 al Helsinki, 10-4 al Omonia,y 4-0 al Estrasburgo, son los resultados globales con los que les eliminó. Hasta que se topó con el Nottingham que había aprendido a superar eliminatorias difíciles: 2-0 para los ingleses y 1-0 para los holandeses fue el resultado del emparejuamiento.

Y se enfrentarían en la final al Hamburgo, que le quitó al madridismo la ilusión de ver a su equipo luchar por el trofeo ante sus ojos. Después de cosechar un 2-0 en casa, el Real Madrid se sintió impotente ante el torbellino de fútbol del conjunto alemán que les endosó un 5-1 imposible de recuperar.

La final se disputó el 28 de mayo de 1980 y, en líneas generales, no le hizo justicia a la categoría de la competición. En un encuentro sin mucha historia, un gol de Robertson en el minuto 20, hizo bicampeones a los aficionados del Forest.

Al comienzo de los años 80, volverían con fuerza los grandes clubes de Europa, protagonizando unas semifinales igualadísimas que sonaban de maravilla. Nada menos que un Liverpool- Bayern de Münich y un Real Madrid- Internazionale.

En el partido de ida, en Anfield Road, se dio un empate sin goles que dejaría toda la emoción para el Olímpico. Dos semanas más tarde, el 1-1 que hicieron posible los goles de Kennedy y Rummenigge daban la posibilidad a los “reds” de conquistar un nuevo título. Por su parte, el Real Madrid lograba un valioso 2-0 en Chamartín, gracias a los goles de Santillana y Juanito, que servirían tras su paso por San Siro, donde perdieron merced a un gol de Bini, para jugar una final 15 años después de la última.

El día 27 de mayo de 1981, en el Parque de los Príncipes de París, el Liverpool se alzaría por tercera vez con el trofeo de Campeón de Europa. En una final que “el Madrid de los García” desaprovechó para engrosar su palmarés, un solitario gol de Alan Kennedy, ya en el minuto 82 de partido, permitió que la afición inglesa regresara a casa con una sonrisa.

Y ante el asombro general, los ingleses seguían llevándose el título año tras año, aunque para ello tuvieran que salir nuevos equipos que lo permitieran. Este es el año, también, en que murió el mítico entrenador Bill Shankly, quien formó el gran Liverpool.

En España, el representante sería la Real Sociedad de San Sebastián que, con Arconada, Perico Alonso y López Ufarte, entre otros, no pasaría de la primera ronda. Sin embargo, les quedó el consuelo de haber sido eliminados ante uno de los mejores conjuntos, que llegaría a debatirle un puesto en la final al mismísimo Bayern Münich. 4-3 fue el resultado con el que ganaron a los bávaros en su estadio, aunque más tarde perderían en el Olímpico por un rotundo 4-0.

La otra plaza la conseguiría el Aston Villa que pasito a pasito fue avanzando en el torneo. Se enfrentó inicialmente al Dinamo de Berlín, posteriormente al Dinamo de Kiev y finalmente al Anderlecht. En ningun duelo se mostró especialmente superior pero supo sacar provecho a su renta en cada momento. De hecho, a los belgas les eliminaron con un solitario gol de Morley logrado en la ida en Villa Park.

El 26 de mayo de 1982, se cruzaban en el camino hacia el éxito, el todopoderoso Bayern y el meritorio Aston Villa. Nadie dudaba del favoritismo del conjunto alemán, pero los “villanos” contaban con un muro en la portería. El guardameta titular Rimmer se lesionó cuando apenas habían transcurrido 10 minutos de partido y un joven e inexperto, llamado Spink, pasó a la historia por hacer el partido de su vida. Los ingleses aprovecharon el gol marcado por Withe en el minuto 67 y consiguieron así, meterse en la historia como Campeones de Europa.

La edición de 1983 supone el oasis en medio del apabullante dominio del fútbol inglés en Europa. El Hamburgo alemán, obtiene el premio que merece al esfuerzo derrochado durante años. Por otro lado, en España se suceden dos fichajes de renombre, como son el de Diego Armando Maradona por el Barcelona y el de Alfredo Di Stéfano como entrenador del Real Madrid. Por otro lado, esta sería la última ocasión para ver a Johan Cruyff jugando en Europa. Además, es imposible obviar el reciente Mundial de Fútbol disputado en España, donde nuestra selección fracasó, la de Brasil maravilló y donde los italianos se convirtieron en tricampeones.

Para llegar al triunfo, los alemanes tuvieron que derrotar al Dynamo de Berlín, al Olympiakos y al Dinamo de Kiev. En semifinales, se las verían con la Real Sociedad, que volvió a participar tras ganar la liga española y aprovecharía esta vez la ocasión par desempeñar un mejor papel. Eliminó al Vikingur, al Celtic de Glasgow y al Sporting de Portugal. Y en el duelo frente al Hamburgo, empataron a uno en el estadio de Atocha y perdieron por la mínima, 2-1, en Volkspark.

La final se disputó el 25 de mayo en el Olímpico de Atenas, y enfrentó al Hamburgo con la Juventus de Turín. Se pudo disfrutar de un emergente Platini pero fue el conjunto de Félix Magath el que venció, merced a un gol suyo en el minuto 9 de partido.

La temporada siguiente incluiría al Liverpool en el selecto grupo de clubes con 4 victorias continentales. Lo loraría en una final inédita contra la Roma, que jugaba además en casa. Ambos equipos comenzaron con autoridad en la primera ronda. Después, el Liverpool se enfrentó al Athletic de Bilbao, que competía por España, y le venció con un exiguo gol logrado en San Mamés en el partido de vuelta. Mientras, la Roma vencía con dos escuetos 1-0 al CSKA de Sofía. En cuartos, los británicos hubieron de eliminar al Benfica necesitando, para ello, ganar 1-0 en Anfield y 4-1 en Lisboa. Por su parte, la Roma goleó en su casa al Dynamo de Berlín por 3-0 y cayó por la mínima en el partido de vuelta, 2-1.

Las semifinales les cruzarían con dos equipos que en esa edición hicieron historia: el Dinamo de Bucarest y el Dundee United. Los ingleses, pudieron vencer en los dos encuentros por 1-0 y 1-2 pero, los romanos, tuvieron que remontar el 2-0 que se trajeron de la ida. Una noche magnífica de Pruzzo, autor de dos goles, logró el resultado final de 3-0, con el que en Italia se tenía licencia para soñar.

Y llegó la noche del 30 de mayo de 1984. El estadio Olímpico de Roma presenció un encuentro muy disputado aún cuando faltó la calidad de las estrellas romanistas, salvo la actuación de Pruzzo. Ese hecho y el miedo a ganar de los italianos fue aprovechado por la experiencia del Liverpool y mantuvo un resultado que les mantenía con vida hasta la lotería de los “penaltis”. El empate a uno final, fue obra de Neal en el 15 y de Pruzzo en el 44. La tanda posterior estrellaría las ilusiones de miles de “tifosi” contra el guardameta Grobbelaar, quien consiguió descentrar a Conti y Graziani con su genuino baile de piernas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: