El Barça se clasifica para la final de Wembley en otro partido extraño

Por fin terminó esta especie de duelo eterno en el que se han convertido los enfrentamientos entre Madrid y Barcelona. Y lo hizo con un partido similar al resto. Con mucho menos fútbol del que ambos pueden ofrecer a la grada y una dosis más de polémica arbitral, alimentada por los errores del colegiado y la actitud de algunos profesionales que, otra vez más, volvieron a creer que el fin justifica los medios.

Sobre el terreno de juego pudimos disfrutar de algunos minutos de asedio por parte de los blaugranas, representados en la figura de Lionel Messi (hoy por hoy más determinante que CR7), que tiró en tres ocasiones desde fuera del área, secundado por los remates de Busquets o Villa. En total, llegaron a exigir en el primer tiempo hasta en cinco ocasiones los servicios del mejor guardameta del mundo, Iker Casillas. Queda confirmado que el Barcelona, respaldado por su público y con la tranquilidad que le proporcionaba el resultado de la ida, estaba siendo mejor, dentro de la mediocridad en la que se han desenvuelto los dos equipos durante toda esta ronda de enfrentamientos.

Sin embargo, y eso es algo que hace pensar que el Barça no esté tan bien para la final del día 28 de mayo, esta vez tampoco fueron capaces de adelantarse en el marcador. El Madrid, dejando de lado el debate sobre su imagen, insistía en una solidez defensiva que, aderezada con un poco de atrevimiento como el que hubo en la final de copa, hacía soñar a los aficionados con la remontada. Pero la tensión del partido y los nervios del resultado trocaron en indignación recién comenzada la segunda parte. Nuevamente un fallo arbitral (esta vez era de Bleeckere) perjudicaba al Real Madrid y sesgaba en un instante las opciones blancas de voltear la eliminatoria. Justo después del descanso dejó de señalar una falta al borde del área de Piqué sobre Ronaldo, que acabaría con un disparo cruzado del “Pipa” Higuaín al fondo de las mallas. Pero el belga vio una falta inexistente de Cristiano a Mascherano propiciada por la caida de éste tras la acción anterior.

Las pocas oportunidades que le quedaban al Madrid se esfumaron cuando, en el minuto 53, Pedro finalizaba en gol un pase maravilloso de Iniesta que se coló entre la defensa blanca. 1-0,resultado que se igualaría con el gol de Marcelo diez minutos más tarde tras un disparo de Di María al poste.

Pero este duelo merece un análisis más profundo de lo que sea capaz de reflejar un resultado. En lo futbolístico y en lo extradeportivo también. Hay que decir que la diferencia existente entre los dos conjuntos a comienzo de la presente temporada se ha reducido considerablemente. Algo que será bueno para el espectáculo en los próximos enfrentamientos. Se podrá o no admirar el sistema táctico utilizado por Mourinho, o discutir si el juego del Madrid está a la altura de su historia, pero es innegable que los blancos han acertado con la forma de bloquear el estilo del Barça tan bien interpretado por los de Guardiola. Han acertado con el modo de hacer que los partidos sean competitivos.

Esta sucesión de clásicos se salda con un título de Liga para el F.C. Barcelona (merecido), una Copa del Rey para el Real Madrid (justa también), y una eliminatoria que, al margen de situar al Barça en la final de Wembley y al Madrid eliminado, deja en el ambiente una rivalidad tan grande como no se recuerda.

Desde hace algunos años, en los que el Barcelona ha logrado acortar distancias con la consecución de algunos títulos frente el Real Madrid,disputan por lograr ser el mejor equipo del mundo de fútbol. Pero este constante ambiente de crispación lleva consigo algunas consecuencias. Ha aparecido un cierto fanatismo en los aficionados que transforma a una amplia mayoría en antimadridistas o antibarcelonistas primero, y culés o merengues después. De esto han sido partícipes los entornos de ambos clubes, con sus declaraciones altisonantes o fuera de tono y, sobre todo, la prensa, que ha experimentado una radicalización desmedida, de un tiempo a esta parte, con la que parecen dejar claro a que grupo pertenecen y, sobre todo, a cual no, con el ánimo de ganar lectores o, en mi opinión, de captar adeptos.

Sólo queda esperar a que las aguas se calmen, se diriman los contenciosos que hay en manos de la UEFA, y que para cuando vuelvan a encontrarse, allá por el mes de agosto, todo esté más tranquilo. Porque tal vez no puedan vivir juntos pero de lo que no hay duda es de que se necesitan porque son tan grandes que, quieran o no, alimentan la leyenda de su enemigo.

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