Archivo para mayo, 2011

De cómo actuar como un Campeón de Europa.

Posted in Actualidad on mayo 30, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

El F.C. Barcelona es el nuevo Campeón de la competición de clubes más prestigiosa del mundo. Lo logró de forma brillante, sacando una vez más su mejor fútbol y anulando las opciones del contrario. Su rival, el Manchester United, siempre estuvo lejos, a pesar de lo que dijera el marcador, por no saber crear peligro y, sobre todo, por no haber demostrado nunca una idea para desarticular la maquinaria del Barça. Y es que el equipo de Pep Guardiola jugó todo el encuentro a placer, resaltando esto como un elogio a los “blaugranas”, aunque además pueda ser cuestionable el planteamiento de Sir Alex Ferguson. El United debiera haber hecho algo más, sin duda, pero el juego desplegado por el Barça tiene eso: te hipnotiza, te embelesa y cuando estás a su merced, te aniquila, sin posibilidad alguna de reaccionar.

Pedro Rodríguez hacía el primer gol de la noche.

En lo que al juego se refiere, el partido transcurrió como acostumbra cuando el Barcelona está presente, desde hace ya tres años. Los primeros minutos sirvieron para entrar en calor y tantear la concentración del adversario. El Manchester gozó de un par de llegadas y hasta le disputó la pelota a los “culés”. Pero eso sólo fue durante diez minutos. Después, los fundadores del “tiqui-taca” se hicieron dueños de la posesión y ya mandarían en la totalidad del encuentro. En el minuto 15, Pedro ya daba el primer aviso. Poco más tarde, sería Villa quien rematara en dos ocasiones prácticamente seguidas. Y al filo de la media hora de juego, el Barcelona abrió la cuenta goleadora cuando Pedro envió al primer poste la pelota tras recibir un magnífico pase de Xavi Hernández al espacio. El Barça era amo y señor en aquel momento y, aunque apenas 5 minutos más tarde Wayne Rooney empatara el partido, la sensación era de que, más tarde o más temprano, los barcelonistas sentenciarían la final. De hecho, una nueva aproximación estuvo a punto de adelantar al Barça justo antes del descanso, si Messi hubiera llegado al remate.

Rooney anota el del empate, un gol que les mantenía con vida.

Los instantes de reflexión y descanso no variaron en nada el desarrollo del encuentro. Daniel Alves, metía el miedo en el cuerpo a la afición de los “red devils” con una nueva ocasión tras la reanudación, en el minuto 52. Casi de forma consecutiva, en el 53, Messi recibe la pelota de Iniesta, en zona de tres cuartos, y engancha un chut que hace imposible la estirada de Van Der Sar (guardameta de gran trayectoria que se retiraba en una noche difícil). Gol y 2-1 en el marcador. El partido estaba en manos de un sólo equipo y no lo dejaría escapar. Unos minutos más tarde, en el 68, Villa sentenciaría con un golazo por la misma escuadra que cerraría un resultado histórico para una noche histórica. A partir de ahí, el United se sabía perdedor y Alex Ferguson trató de cambiar las cosas con la incorporación de Nani y de Paul Scholes, aunque era demasiado tarde.

Leo Messi, designado hombre del partido por la UEFA.

A partir de entonces, quedaba ya disfrutar de la fiesta y llegaría también la hora de los homenajes. El capitán Carles Puyol saltó a jugar los últimos minutos y éste, a su vez, tendría después el detalle más bonito de la noche. Una vez finalizado el encuentro, sería el francés Abidal (quien superara un cáncer recientemente), el que recogiera el trofeo y lo elevara, para orgullo de los barcelonistas, al cielo londinense. Así, se ponía el punto y final a una nueva edición de la Champions y, por otro lado, el punto y seguido en la vida de un personaje que, como la del Barça, sigue creciendo ante las adversidades.

El Barça celebrando un nuevo título europeo.

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1985. De cómo el fútbol también llegó a ser la vergüenza de Europa.

Posted in Histórico on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

La tarde del 29 de mayo de 1985 y el estadio de Heysel serán recordados siempre como la fecha y el lugar en que murieron 39 personas. Asistir a un espectáculo deportivo no debería suponer el riesgo a perder la vida, pero lo que ocurrió en Bruselas, ante los ojos del mundo, mostró las condiciones reales en las que se encontraban las instalaciones en esa época. Un estadio vetusto, con pocas medidas de seguridad, no estaba a la altura de lo que estaba apunto de ocurrir. A falta de una hora para el comienzo del encuentro, una avalancha provocada por aficionados del Liverpool, aprisionó contra las vallas a cientos de hinchas italianos de la Juventus de Turín. El resultado fue el de 39 fallecidos, 38 de ellos italianos y uno belga. Además se registraron cientos de heridos por asfixia, aplastamiento o ataques de ansiedad.

La afición italiana no tenía escapatoria contra las vallas.

La reacción ante lo que había ocurrido fue aún más peligrosa. Muchos “tifosi” saltaron al terreno de juego con palos o barras de hierro con ánimo de atacar a los ingleses y se hizo imprescindible la actuación represiva de las fuerzas de seguridad. Los futbolistas de la Juve no querían jugar, al conocer lo que había sucedido. Sólo accedieron al saber que el césped estaría custodiado por la policía.

Y es que la UEFA, con los cadáveres apilados en los pasillos interiores del estadio, decidió que se jugara el partido. Existía el miedo a que la tragedia fuese aún mayor si se suspendía el encuentro y aquello terminaba en una batalla campal.

Lo futbolístico carecía de importancia pero, al final, supuso el primer título continental para “la vecchia signora”. Una falta cometida un metro fuera del área por Gillespie sobre Boniek, fue señalada por el colegiado André Daina, como penalti. El lanzamiento lo materializó Platini en el minuto 58. En otras circunstancias la decisión hubiese sido escandalosa pero, esa noche…

1977- 1984. De cómo desde las islas puede dominarse el continente.

Posted in Histórico on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

Nada menos que 22 años pasaron desde el comienzo de la Copa de Europa hasta la llegada de un histórico como el Liverpool al triunfo. Supondría el inicio de una sucesión de éxitos con marcado acento británico. La victoria en el 83 del Hamburgo alemán, sería un islote en medio del océano que representaban los ocho años de dominio de los “inventores” del fútbol.

La edición de 1977  la disputó para España el Real Madrid y le sirvió para cumplir el castigo de la UEFA. Tenía pendiente una sanción por la que no podría jugar sus dos primeros encuentros en el estadio Santiago Bernabéu. El incidente, se produjo en la semifinal del año anterior frente al Bayern, cuando un aficionado saltó al césped y agredió al colegiado al término del partido. Por lo demás, el equipo pasó la primera ronda y cayó eliminado con el Brujas, en una edición para olvidar.

Pero hablemos del nuevo grande de Europa. El Liverpool eliminó en su primera ronda al Crusaders con dos victorias por 2-0 y 0-5; después, se medirían a los turcos del Trabzonspor, con quien perderían en la ida 1-0 y a los que remontaron en Anfield en 18 minutos ganándoles 3-0; posteriormente, tendría que remontar nuevamente tras perder 1-0 en Saint Etienne, logrando la victoria por 3-1; y finalmente, en semifinales, les tocó luchar frente al Zürich con el que pasaron cómodamente por 1-3 y 3-0.

En la final de Roma, el 25 de mayo de 1977, esperaba el Borussia Mönchengladbach (otro alemán al acecho del Bayern). Sin embargo, el estilo de juego impuesto por Bill Shankly, y excelentemente continuado por su brazo derecho Bob Paisley, basado en la elaboración más que en el tradicional “patadón arriba” de los ingleses, mostró la superioridad de los “reds” ante la opinión internacional. No lo desaprovecharon y con los goles de McDermott, Smith y Neal, vencieron al solitario tanto de Simonsen para los alemanes.

La siguiente temporada llega marcada por el fichaje del gran Kevin Keegan, del Liverpool, por el Hamburgo. Además, la noticia está en Chamartín donde, por primera vez en su historia, el Real Madrid se queda fuera de cualquier competición europea. Al hilo de esto, el representante español este año será el Atlético de Madrid, que llegará hasta los cuartos donde caerá a manos del Brujas.

Por su parte, el fútbol inglés sigue mandando esta temporada en lo que es la constatación de su dominio continental. El Liverpool comienza su andadura eliminando al Dinamo de Dresde por 5-1 en Anfield y una derrota sin importancia por 2-1; en la siguiente ronda, pasan por encima del Benfica ganándoles 2-1 en Da Luz y goleándoles 4-1 en la vuelta; ya en semifinales, se reedita el enfrentamiento de la final anterior y, aunque el Borussia es capaz de ganar en Düsseldorf por 2-1, en la vuelta los “reds” deciden con un 3-0 que serán ellos quienes disputen de nuevo la final de la Copa de Europa.

Y lo harán jugando contra el Brujas, que tuvo que eliminar a la Juventus de Turín, además de a los atléticos, para alcanzar el último partido. Llegó el 10 de mayo de 1978 y en el estadio londinense de Wembley se dirimió si el Liverpool continuaría con su reinado. Fue un partido pobre en el resultado, a pesar de los 19 lanzamientos a puerta que realizaron los futbolistas ingleses pero, el escueto 1-0 anotado por Dalglish en el minuto 64 sirvió para revalidar el título.

Hacia el final de los años 70 existía un vacío que los grandes de Europa no supieron llenar. Desde luego, los clubes emergentes de las islas británicas hicieron méritos para alcanzar el éxito pero, también es cierto que, ni Real Madrid ni Barcelona por España, ni Milán o Inter en Italia, ni Benfica, ni Ajax, ni un potente conjunto alemán que rematara la faena, más allá de sus actuaciones hasta las rondas finales, lograron plantar realmente cara al poderío que llegaba desde Inglaterra.

Mientras, ellos seguían a lo suyo y, con la alternancia de algunos equipos, continuaron ganando. Esta edición sería para un nuevo nombre, el del Nottingham Forest que, mucho antes de ganar el campeonato, echó nada menos que al dos veces Campeón de Europa. Contra todo pronóstico el Liverpool caía eliminado tras perder 2-0 en el City Ground y no pasar del empate en Anfield. Su camino se suavizaría al enfrentarse posteriormente al AEK de Atenas, al que goleó 5-1 en la vuelta. Precisamente, de su casa haría un fortín aprovechando, una vez más, el apoyo de su gente para golear en la ida al Grasshopper por 4-1 y manteniendo el resultado en Suiza.

Las semifinales, disputadas entre el Nottingham y el Colonia por un lado, y entre el Malmö y el Austria de Viena por otro, dejaban clara la teoría esgrimida al principio de estas líneas. No existía un verdadero líder  entre los grandes de Europa.

De todos modos , a la final de Münich llegaron dos equipos merecedores del éxito, que superaron sus eliminatorias por la exigua diferencia de un sólo gol. El 30 de mayo de 1979, el Nottingham Forest y el Malmö disputaron una nueva final de esta competición. El gol de Francis en el minuto 45 despejaría las dudas y encumbró a los ingleses como nuevos reyes del viejo continente.

El año en que termina esta década, se cumplen 25 desde el nacimiento de la competición. Quizá por la efeméride, la final se celebrará en el estadio Santiago Bernabéu, feudo madridista al que se rinde homenaje por la implicación que tuvo hasta conseguir que el proyecto saliera adelante.

En lo deportivo, este era un buen año para que alguno de los grandes recuperara el prestigio. Sin embargo, desde el primer momento se sucedieron las sorpresas. Ni Milán ni Liverpool superaron la ronda de dieciseisavos. Al menos el Ajax había regresado a su mejor nivel y fue superando rivales como si de juveniles se tratase: 16-2 al Helsinki, 10-4 al Omonia,y 4-0 al Estrasburgo, son los resultados globales con los que les eliminó. Hasta que se topó con el Nottingham que había aprendido a superar eliminatorias difíciles: 2-0 para los ingleses y 1-0 para los holandeses fue el resultado del emparejuamiento.

Y se enfrentarían en la final al Hamburgo, que le quitó al madridismo la ilusión de ver a su equipo luchar por el trofeo ante sus ojos. Después de cosechar un 2-0 en casa, el Real Madrid se sintió impotente ante el torbellino de fútbol del conjunto alemán que les endosó un 5-1 imposible de recuperar.

La final se disputó el 28 de mayo de 1980 y, en líneas generales, no le hizo justicia a la categoría de la competición. En un encuentro sin mucha historia, un gol de Robertson en el minuto 20, hizo bicampeones a los aficionados del Forest.

Al comienzo de los años 80, volverían con fuerza los grandes clubes de Europa, protagonizando unas semifinales igualadísimas que sonaban de maravilla. Nada menos que un Liverpool- Bayern de Münich y un Real Madrid- Internazionale.

En el partido de ida, en Anfield Road, se dio un empate sin goles que dejaría toda la emoción para el Olímpico. Dos semanas más tarde, el 1-1 que hicieron posible los goles de Kennedy y Rummenigge daban la posibilidad a los “reds” de conquistar un nuevo título. Por su parte, el Real Madrid lograba un valioso 2-0 en Chamartín, gracias a los goles de Santillana y Juanito, que servirían tras su paso por San Siro, donde perdieron merced a un gol de Bini, para jugar una final 15 años después de la última.

El día 27 de mayo de 1981, en el Parque de los Príncipes de París, el Liverpool se alzaría por tercera vez con el trofeo de Campeón de Europa. En una final que “el Madrid de los García” desaprovechó para engrosar su palmarés, un solitario gol de Alan Kennedy, ya en el minuto 82 de partido, permitió que la afición inglesa regresara a casa con una sonrisa.

Y ante el asombro general, los ingleses seguían llevándose el título año tras año, aunque para ello tuvieran que salir nuevos equipos que lo permitieran. Este es el año, también, en que murió el mítico entrenador Bill Shankly, quien formó el gran Liverpool.

En España, el representante sería la Real Sociedad de San Sebastián que, con Arconada, Perico Alonso y López Ufarte, entre otros, no pasaría de la primera ronda. Sin embargo, les quedó el consuelo de haber sido eliminados ante uno de los mejores conjuntos, que llegaría a debatirle un puesto en la final al mismísimo Bayern Münich. 4-3 fue el resultado con el que ganaron a los bávaros en su estadio, aunque más tarde perderían en el Olímpico por un rotundo 4-0.

La otra plaza la conseguiría el Aston Villa que pasito a pasito fue avanzando en el torneo. Se enfrentó inicialmente al Dinamo de Berlín, posteriormente al Dinamo de Kiev y finalmente al Anderlecht. En ningun duelo se mostró especialmente superior pero supo sacar provecho a su renta en cada momento. De hecho, a los belgas les eliminaron con un solitario gol de Morley logrado en la ida en Villa Park.

El 26 de mayo de 1982, se cruzaban en el camino hacia el éxito, el todopoderoso Bayern y el meritorio Aston Villa. Nadie dudaba del favoritismo del conjunto alemán, pero los “villanos” contaban con un muro en la portería. El guardameta titular Rimmer se lesionó cuando apenas habían transcurrido 10 minutos de partido y un joven e inexperto, llamado Spink, pasó a la historia por hacer el partido de su vida. Los ingleses aprovecharon el gol marcado por Withe en el minuto 67 y consiguieron así, meterse en la historia como Campeones de Europa.

La edición de 1983 supone el oasis en medio del apabullante dominio del fútbol inglés en Europa. El Hamburgo alemán, obtiene el premio que merece al esfuerzo derrochado durante años. Por otro lado, en España se suceden dos fichajes de renombre, como son el de Diego Armando Maradona por el Barcelona y el de Alfredo Di Stéfano como entrenador del Real Madrid. Por otro lado, esta sería la última ocasión para ver a Johan Cruyff jugando en Europa. Además, es imposible obviar el reciente Mundial de Fútbol disputado en España, donde nuestra selección fracasó, la de Brasil maravilló y donde los italianos se convirtieron en tricampeones.

Para llegar al triunfo, los alemanes tuvieron que derrotar al Dynamo de Berlín, al Olympiakos y al Dinamo de Kiev. En semifinales, se las verían con la Real Sociedad, que volvió a participar tras ganar la liga española y aprovecharía esta vez la ocasión par desempeñar un mejor papel. Eliminó al Vikingur, al Celtic de Glasgow y al Sporting de Portugal. Y en el duelo frente al Hamburgo, empataron a uno en el estadio de Atocha y perdieron por la mínima, 2-1, en Volkspark.

La final se disputó el 25 de mayo en el Olímpico de Atenas, y enfrentó al Hamburgo con la Juventus de Turín. Se pudo disfrutar de un emergente Platini pero fue el conjunto de Félix Magath el que venció, merced a un gol suyo en el minuto 9 de partido.

La temporada siguiente incluiría al Liverpool en el selecto grupo de clubes con 4 victorias continentales. Lo loraría en una final inédita contra la Roma, que jugaba además en casa. Ambos equipos comenzaron con autoridad en la primera ronda. Después, el Liverpool se enfrentó al Athletic de Bilbao, que competía por España, y le venció con un exiguo gol logrado en San Mamés en el partido de vuelta. Mientras, la Roma vencía con dos escuetos 1-0 al CSKA de Sofía. En cuartos, los británicos hubieron de eliminar al Benfica necesitando, para ello, ganar 1-0 en Anfield y 4-1 en Lisboa. Por su parte, la Roma goleó en su casa al Dynamo de Berlín por 3-0 y cayó por la mínima en el partido de vuelta, 2-1.

Las semifinales les cruzarían con dos equipos que en esa edición hicieron historia: el Dinamo de Bucarest y el Dundee United. Los ingleses, pudieron vencer en los dos encuentros por 1-0 y 1-2 pero, los romanos, tuvieron que remontar el 2-0 que se trajeron de la ida. Una noche magnífica de Pruzzo, autor de dos goles, logró el resultado final de 3-0, con el que en Italia se tenía licencia para soñar.

Y llegó la noche del 30 de mayo de 1984. El estadio Olímpico de Roma presenció un encuentro muy disputado aún cuando faltó la calidad de las estrellas romanistas, salvo la actuación de Pruzzo. Ese hecho y el miedo a ganar de los italianos fue aprovechado por la experiencia del Liverpool y mantuvo un resultado que les mantenía con vida hasta la lotería de los “penaltis”. El empate a uno final, fue obra de Neal en el 15 y de Pruzzo en el 44. La tanda posterior estrellaría las ilusiones de miles de “tifosi” contra el guardameta Grobbelaar, quien consiguió descentrar a Conti y Graziani con su genuino baile de piernas.

1971- 1976. De la magia de Johan Cruyff al fútbol total de Beckenbauer.

Posted in Histórico on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

Con la actuación de Pelé en el Mundial de México aún reciente (quizá el único grande que nunca pisó Europa), en septiembre de 1970, comenzó una nueva edición que sería especial por diferentes motivos. Por un lado, fue la primera vez que se disputó la Copa de Europa sin la presencia del Real Madrid, a quien sustituiría su eterno rival, el Atlético. Por otra parte, fue sin duda, el momento de la explosión de otro de los grandes, Johan Cruyff; y con él, de la llegada de uno de los equipos que mejor fútbol ha hecho de todos los tiempos: el Ajax de Amsterdam.

Johan Cruyff, 100% escuela Ajax.

Fue además un período en el que los referentes en Europa no estuvieron a la altura. Ni Milán, ni Inter, ni Benfica, ni Manchester, jugaron ese año. Pero lo que logró el Ajax fue más allá de ganar un torneo. Supuso la implantación de un estilo, una forma de cambiar el fútbol. Ya desde el inicio los “ajacied” no tuvieron complicaciones en sus enfrentamientos con Nëntori Tirana, Basilea y Celtic, recibiendo a los dos últimos en el primer encuentro con sendos 3-0.

El camino les cruzó en semifinales con el Atlético de Madrid, que hizo una gran competición superando al Austria de Viena, al Cagliari y al Legia Varsovia. Algo normal si se tiene en cuenta el nivel de sus delanteros: Ufarte, Luis, Gárate, Irureta y Alberto.

La ida se jugó en el Manzanares y, pese a que se diera por favorito al Ajax, los “colchoneros” vencieron con un solitario gol de Irureta que daba esperanzas de llegar a la final. Pero en el Olímpico de Amsterdam la cosa fue bien distinta. El Ajax sacó su mejor fútbol pese al mal partido de su estrella, Cruyff, y dio la vuelta al resultado endosando al Atleti un 3-0, con goles de Keizer, Suurbier y Neeskens.

Sería el conjunto holandés el que viajaría a Wembley a disputar la final frente al Panathinaikos griego, que pasó por el valor doble de los goles ante el Estrella Roja de Belgrado: 4-1 en la ida y 3-0 en la vuelta le dieron el éxito a los atenienses.

El 2 de junio en Londres nadie dudaba de la superiorida del conjunto de “Rinus” Michels y el Ajax no falló. Se adelantó en el minuto 5 con un gol de Van Dijk y disfrutó de muchas más ocasiones hasta el minuto 87, cuando Haan cerró el resultado.

Al año siguiente, el participante español sería el Valencia, entrenado por Alfredo Di Stéfano, que sólo llegaría a jugar dos rondas. Además, se vivió un hecho sin precedentes: la eliminación de un equipo por un botellazo. Sucedió en octavos. El Borussia Mönchengladbach goleaba en casa al Inter de Milán por 7-1, remontando el 4-2 de la ida en San Siro, cuando un aficionado lanzó una botella, acertando de pleno en la cabeza de Boninsegna. La UEFA decretó que se repitiera el partido y, con el empate a cero del “replay” los alemanes cayeron eliminados.

Roberto Boninsegna fue el jugador agredido.

De todos modos, en esta edición las semifinales se presentaban muy atractivas, si atendemos a los enfrentamientos. Nada menos que un Ajax- Benfica y un Inter- Celtic, todos ya campeones. Pero nada más lejos de la realidad. Un solitario gol de Swart es lo que la afición continental pudo saborear en semifinales. Los “neroazzurri” tuvieron que ganar en la tanda de penaltis tras un doble empate a cero. En Amsteram, los vigentes campeones si lograron un tanto en el duelo de la ida, pero tuvieron que mantenerlo para pasar en Da Luz.

Johan, alzando su segunda Copa de Europa.

El 31 de mayo de 1972, en el estadio De Kuip de Rotterdam, la historia fue bien distinta. Johan Cruyff se echó el equipo a la espalda y regaló uno de sus mejores partidos marcando los goles de la victoria. El marcador reflejaba un 2-0 que hacía al Ajax bicampeón de Europa.

El título de la 72/73 fue el tercero consecutivo para el gran Ajax, pero también el más difícil de ganar por la calidad del fútbol que desplegó. En Europa ya conocían su estilo novedoso y tuvo que enfrentarse, además, a los mejores equipos de la temporada. Como muestra, vale comentar la eliminatoria de cuartos que jugó ante el Bayern de Münich, que ya estaba despertando, al que endosó un 4-0 en casa y al que también ganó en el Olímpico 1-2.

Franz y Johan, los jefes de Europa en los 70.

Por su parte, el Real Madrid regresaba a la competición tras dos años de ausencia con dos eliminatorias fáciles ante el I.B. Keflavic y el Arges Pitesti. En los cuartos hubo de superar al Dinamo de Kiev, al que venció en el estadio Bernabéu 3-0 tras empatar sin goles en la ida. Y así se conformó una semifinal que devolvía a los “blancos” a la élite europea pero que, muy a su pesar, le dejaba claro también que no era su momento. Aunque contara en sus filas con Pirri, Amancio o Velázquez, el Madrid no pudo evitar perder los dos partidos, 2-1 en Amsterdam y 0-1 en el Santiago Bernabéu.

El otro privilegiado de esta edición fue la Juventus de Turín que, tras vencer cómodamente al Olympique de Marsella y sufrir más con Magdeburgo y Ujpest Dozsa, se clasificó con autoridad ante el Derby County con Dino Zoff y Altafini como referentes. Un 3-1 en el Comunale fue resultado suficiente para poder jugar la final.

El 30 de mayo del año 1973 el Ajax de Amsterdam se consagraría como tricampeón de Europa, tras vencer en el campo del Estrella Roja de Belgrado, a la Juventus de Turín por 1-0, obra de Rep en el minuto 4.

La nueva temporada traía consigo la decisión de permitir la llegada de futbolistas extranjeros a la liga española, lo que provocó el fichaje de Cruyff por el F.C. Barcelona y, con su marcha, el fin del reinado del Ajax. Hizo falta una prórroga para echar a los tricampeones pero, el CSKA de Sofía, consiguió eliminarles aún estando todavía en los octavos de final.

   El testigo lo recogería el Bayern Münich alemán, y su estrellato recaería en la figura del “káiser” Franz Beckenbauer. No tuvo problemas para superar al Atvidaberg en primera ronda aunque sí para vencer después al Dinamo de Dresden, para el que necesitaría un cómputo global de 7-6. Más tarde, mostraría ya sus armas frente al verdugo del Ajax y alcanzaría unas semifinales igualadas hasta la vuelta.

Allí se encontraba también el Atlético de Madrid que logró hacer ese año su mejor resultado hasta la fecha. En el camino hubo de vencer al Galatasaray turco, con un solitario gol de Salcedo en la prórroga del segundo partido; superó al Dinamo de Bucarest a quien metió un 0-2 en Rumanía y con quien mantuvo la renta en el Calderón con 2-2 en el marcador; Y volvió a ganar en cuartos, al Estrella Roja, por idéntico resultado en la ida y un nuevo empate en casa.

Así pues, el Atlético se encontraba a un paso de jugar su primera final de la Copa de Europa. Como el Bayern de Münich que, del mismo modo, era nuevo en esto. Ambos vivieron unas eliminatorias igualadas. Los “rojiblancos” regresaron de Escocia con un valioso empate a cero frente al Celtic y remataron la faena en el Vicente Calderón con dos goles de Gárate y Adelardo. El conjunto muniqués también empató primero, a uno en este caso, y resolvió en su estadio, marcándole un 3-0 al Ujpest Dozsa.

Lanzamiento de la falta, imparable para Maier.

Y llegó el 15 de mayo, fiesta de San Isidro en Madrid. En el estadio de Heysel, en Bruselas, miles de aficionados se mestraban espectantes ante la llegada de un nuevo campeón. Ni Atlético ni Bayern lo habían sido nunca y eso se notó en el encuentro. Fue intenso, disputadísimo y muy igualado. Hasta el punto de necesitar de una prórroga para resolverlo. Pero, en el minuto 114 se produjo el momento, probablemente, de mayoe felicidad para la afición atlética. Luis Aragonés saca una falta situada al borde del área y, con la pelota aún sobrevolando el área de Maier, levanta los brazos con gran alegría. Gol! El Atleti se adelantaba en el marcador ycasi era Campeón de Europa. Pero los alemanes no se rindieron y asediaron a los madrileños hasta el final, en lo que fueron los 5 minutos más largos de sus vidas. Finalmente para no evitar el tanto del empate, obra de Schwarzenbeck, de disparo duro, seco y ajustado al palo.

El desenlace se produjo dos días más tarde, en un partido de desempate al que acudieron los dos equipos de muy distinta manera. Por un lado, el Atlético había tenido la miel en los labios y veía cómo tenía que volver a luchar. Por otra parte, los jugadores muniqueses creían posible la consecución del título al salvarse in extremis de la derrota. Esa diferencia de parecer se mostró también en el campo donde los alemanes no dejaron lugar a la duda. Un rotundo 4-0, con dos goles de Hoeness y otros dos de “Torpedo” Müller, destrozaron las ilusiones de miles de “rojiblancos” y encumbraron por vez primera al Bayern de Münich.

La 74/75 será una campaña de confirmación. La de que el Bayern es el mejor conjunto de Europa y la de que su juego, basado en la fuerza y la potencia que su físico les permite, está muy por encima del de sus rivales. Una competición sin historia, en la que la superioridad alemana sólo sería noticia si hubiera perdido.El Barça fue el representante español esta vez y derrotó tanto al SK Vöest Linz, como al Feyenoord y al Atvidaberg, sin demasiados problemas.

Rexach en un lance del juego.

Su rival en semifinales sería el Leeds United que arrasó, literalmente, a sus anteriores contrincantes. La otra semifinal la compondrían el Saint Etienne francés y el Bayern, a quien pese a su nivel, le costó defender el título en las primeras eliminatorias.

Los franceses fueron incapaces de marcar un gol a los bávaros, aunque mantuvieron su portería a cero en el partido del Geoffroy Guichard. Posteriormente, primero Beckenbauer y luego Dürnberger, anotaron los goles en la vuelta, que valieron para viajar a París.

Mientras, el Barcelona se quedaba a un paso de jugar la final después de perder por la mínima ante el Leeds por 2-1, con goles de Bremner y Clarke para los ingleses y de Asensi para los “blaugranas”, y de no ser capaces de remontar en el Camp Nou, cosechando nada más que un empate a uno, con goles de Lorimer, primero, y Clares, más tarde.

A finales de mayo, concretamente el día 28, se llenó el Parque de los Príncipes de París para presenciar la final entre el Bayern de Münich y el Leeds United.El resultado de 2-0 a favor de los alemanes no daría de que hablar salvo el modo en que se produjo. El colegiado francés Michel Kitabdjian perjudicó en sus decisiones a los ingleses llegando a anularles un gol legal y a no pitarles un penalti cometido por Beckenbauer.

En 1976 el Real Madrid jugaba de nuevo en Copa de Europa, volviendo a llegar a semifinales, como sucediera tres años antes, y volviendo a caer ante el que sería una vez más el campeón. Ni para los madridistas ni para los bávaros fue fácil. El conjunto de Chamartín tuvo que remontar el 4-1 que se trajo de las islas y le ganó en octavos al Derby County por 5-1. Después pasó por el valor doble de los goles frente al Borussia M. tras el 2-2 de la ida y el 1-1 de la vuelta en el Bernabéu.El Bayern solamente tenía que remontar un gol al Malmoe, pero afrontó la temporada sin “Torpedo” Müller, que se lesionó en la disputa de la Supercopa. Aún asi ganó por un contundente 5-1 en el partido de vuelta con el Benfica después de un empate a cero.

Mientras, Saint Etienne y PSV Eindhoven iban superando rondas y más tarde compondrían la otra semifinal. Una eliminatoria que encumbraría a Larqué ya que, gracias a su gol, el Saint Etienne se colaría en la final de Glasgow.

La otra eliminatoria tendría más historia. Al término del encuentro de ida, disputado en el Bernabéu, un aficionado saltó al campo y agredió al árbitro, el austríaco Linemayr, lo que obligó al Real Madrid a jugar fuera de su estadio sus dos primeros partidos al año siguiente. En lo deportivo no fue capaz de pasar del empate a uno, con goles de Roberto Martínez y Müller, que ya había regresado. En el Olímpico , de nuevo Müller, se encargó de aniquilar las opciones madridistas con dos goles en el primer tiempo.

El día 12 de mayo, en Hampden Park, se vivió una nueva final y el solitario gol de falta de Roth hizo posible el tricampeonato para los bávaros.

1966- 1970. De cómo el trofeo cambia pero no el valor de conseguirlo.

Posted in Histórico on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

El año 1966 sería el último en que se entregara el primer trofeo creado expresamente para el Campeonato de Europa de Clubes. El Real Madrid, no dejaría pasar la oportunidad de conquistarlo y lograría, de ese modo, ser el único que lo ostentara en 6 ocasiones durante muchos años.  Aún hoy, tan solo el Milán ha rebasado esa cifra alcanzando los 7 títulos.

Por lo que respecta a esta edición, los “blancos” tuvieron que superar el escollo de un nuevo Feyenoord, de un desconocido Kilmarnock, del Anderlecht y del siempre peligroso Inter de Peiró, Mazzola y Luis Suárez. En la final se encontraría con el Partizán al que vencieron por 2-1, gracias a los goles de Amancio y Serena.

La temporada siguiente, la UEFA extrenó una nueva copa, la de las “grandes orejas” y, la original, que había entregado hasta el momento, decidió dársela al Real Madrid como homenaje a la trayectoria que había cosechado en esos años. Debió gustarle mucho al Celtic porque logró ser superior en cada eliminatoria hasta obtener el premio de disputar la final de Lisboa. Para ello, venció al Zürich, al Nantes, a la Vojvodina y al Dukla de Praga.

Se enfrentaría por el trofeo al Inter de Milán que sufrió más para lograrlo. Ganó al Torpedo de Moscú, al Vasas y al Real Madrid, al que tuvo que vencer en los dos partidos por 1-0 y 0-2, en lo que fue una mala actuación de los “blancos”. Pero peor lo pasaría en la ronda de semifinales donde empató en los dos estadios con el CSKA de Sofía y al que sólo pudo vencer por 1-0 en el desempate jugado en el Comunale de Bolonia.

El 25 de mayo de 1967, el Celtic de Glasgow vencía en Lisboa por 2-1 al Inter de Milán, gracias a los goles marcados por Gemmell y Chalmers, que remontaban el primero del partido, obra de Mazzola de penalti.

La edición siguiente encumbraría al que hoy es otro grande, el Manchester United, y llevaría a la fama mundial a su máxima estrella, Bobby Charlton. Lo conseguiría tras batir al Real Madrid en semifinales con los resultados de 1-0, obra de George Best en el “Teatro de los Sueños”, y de 3-3 en el Santiago Bernabéu, donde los goles de Pirri, Gento y Amancio, no sirvieron para ganar ante los de Zoco (en propia puerta), Sadler y Foulkes.

Y tras ganar, nada menos que al Benfica de Eusebio, en la final disputada en Wembley, el 29 de mayo de 1968. Primero, Bobby Charlton adelantaría a los “reds devils”, a lo que responderían “las aguilas” con un gol de Graça en el minuto 80. Después, en la prórroga, ya no se andarían con contemplaciones y los goles de Best, Kidd y Charlton, todos ellos en el primer tiempo de la prórroga, sentenciarían la final para los ingleses.

El 28 de mayo de 1969, se disputó en el estadio Santiago Bernabéu, otra final que dejaría un gran campeón. El Milán de Trapattoni, Rivera y Prati, entre otros, se alzó con el triunfo sobre el Ajax de Amsterdam donde jugaba un tal Johan Cruyff.

Para llegar, el Milán superó al Malmoe, al Celtic y al Campeón, el United, al que venció en la ida por 2-0 y con el que perdió en Old Trafford por 1-0. Por su parte, el Ajax dejó atras a equipos de la talla del Nuremberg, Fenerbahçe, Benfica y Spartak, al que goleó 3-0 en casa, que le valdría para la vuelta merced a su derrota por 2-0.

La final sólo tendría un dueño, y sería el Milán gracias a la noche de su delantero Prati que marcó tres de los cuatro goles con los que decoró el marcador del Bernabéu: 4-1 al final.

La del 70, era la última final de la década y simbolizó la llegada del declive del fútbol latino y la irrupción del fútbol holandés en Europa, destapando así, a un gran Feyenoord que se llevó el trofeo para su casa. Eliminó por goleada al Rejkiavic, por la mínima al vigente campeón, el Milán, con mucho mérito, y a un desconocido Vorwärts, para acabar superando también al Legia de Varsovia. En la final que se celebró en el Comunale de San Siro, el 6 de mayo de 1970, lograría la victoria frente al Celtic de Glasgow, en lo que era la constatación del fin, por el momento de los equipos latinos que habían dominado el continente. El resultado del encuentro fue el de 2-1, con goles marcados por Gemmell para los escoceses e Israel para el Feyenoord en el tiempo reglamentario. Durante la prórroga, un gol de Kindvall daría la copa a los holandeses.

1961- 1965. De cómo el trofeo también viaja y conoce Lisboa y Milán.

Posted in Histórico on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

La década de los sesenta trajo consigo el final de la hegemonía del Real Madrid y con ello una lucha abierta por hacerse con el cetro europeo. Este acontecimiento, unido a que prácticamente toda Europa participaba ya en la competición (salvo Malta, Chipre, Albania y la URSS) llevó a que se disfrutara de ella hasta en 6 países distintos.

De todos modos, al principio no iría muy lejos, quedándose el trofeo en la Península Ibérica. Fue el Benfica lisboeta el que logró ese éxito al ganar al Barça en la final de Berna. Continuaban estando cerca los “blaugranas” aunque no llegaron a alcanzar la cumbre.

El camino para los finalistas fue bien distinto. Mientras el Benfica paseaba su superioridad frente al Heart, Ujpest Dozsa, Aarhus y Rapid de Viena, al que ganó 3-0 en Da Luz y con el que empató a uno en el Prater, al Barcelona le costaba enormemente derrotar a sus adversarios. Fácil fue su primera ronda ante los belgas del Lierse, pero polémica su clasificación frente al Madrid, al que anularon 4 goles en le vuelta del Camp Nou, y épica la remontada experimentada ante el Hamburgo. Después de vencer en casa por 1-0 con gol de Evaristo, la vuelta en Hamburgo se tornó complicada; el conjunto alemán ganaba 2-0 con goles de Wulf y Uwe Seeler y el Barça estaba eliminado si no marcaba. Llegó el minuto 90 y Kocsis anotó el gol de la esperanza para los “culés”. Obligaba a jugar un encuentro de desempate que se disputaría en Bruselas y ahí no dejarían pasar la ocasión, ganando de nuevo gracias a un gol de Evaristo.

Por fin, el 31 de mayo de 1961, se disputaba una final que daría un nuevo campeón. El estadio Wankdorf de Berna acogió a 26.000 espectadores para presenciar una final igualada. En el minuto 20 de partido, Kocsis adelantaba al Barcelona, pero diez minutos después Aguas empataba en el marcador. Acto seguido, un error de Ramallets acabó suponiendo un gol en propia puerta que ponía al Benfica por delante y el campeonato cada vez más difícil. Ya en el segundo tiempo Coluna haría el tercero para los benfiquistas y a 15 minutos para el final, Czibor marcaría el gol que cerraría el 3-2 definitivo. El resumen de lo que le pasó al Barça es sencillo: fueron mejores pero cometieron también más errores.

Al año siguiente hubo dos nombres propios, sin duda. El de Luis Suárez, que fue traspasado al Inter de Milán por 25 millones de pesetas, y el de un jovencísimo Eusebio, que destacaba en el Campeón de Europa. Era también el año de la revancha para el Real Madrid, tras perder por primera vez el título. Y resultó que volvió a dar la talla, llegando al menos a disputar la que era su sexta final.

El Benfica debutó ese año frente al Austria de Viena, al que golearon por 5-1 en Lisboa tras empatar en el Prater. Después, vapulearon al Nuremberg que se llevó un 6-0 de Da Luz que dejaba sin valor su victoria inicial de 3-1. Finalmente, para alcanzar la final, deberían derrotar al Tottenham Hotspur que estuvo a punto de aguarles la fiesta. Los lisboetas vencieron cómodamente por 3-1 en la ida y, posteriormente, en White Hart Lane, sufrieron durante muchos minutos porque en el 48 el resultado reflejaba un 2-1 para los ingleses que les dejaba a un gol del empate, algo que nunca llegaría.

Por su parte, el Real Madrid parecía que entrenara, a tenor de los resultados globales que cosechó en algunas eliminatorias: 5-1 ante el Vasas y 12-0 ante el Odense, atestiguan la diferencia en el nivel de los equipos. La eliminatoria de cuartos, sin embargo, le enfrentaría a la Juventus y exigiría lo mejor de los “blancos” para llegar más lejos. En el Comunale, un gol de Di Stéfano dio la victoria a los madridistas mientras que en el Bernabéu fueron los italianos quienes vencieron con idéntico resultado. El desempate se disputó en el Parque de los Príncipes y ahí el Madrid ganó con más claridad por 3-1. La semifinal ya sería otra cosa y es que el equipo que logró armar Santiago Bernabéu se desenvolvía mejor en las grandes noches. El Standard de Lieja fue su rival y, tanto en Madrid como en Lieja venció por 4-0 y 0-2, respectivamente.

El 2 de mayo de 1962, en el Olímpico de Amsterdam, se disputó la primera final entre equipos campeones. Por lo visto en la primera parte, el Real Madrid volvía por sus fueros y mandaba con tres goles de Puskas sobre los dos de Aguas y Cavem. Pero la segunda mitad devolvió a cada uno a su lugar dejando claro quien era ahora el campeón y quien había perdido su sitio. Coluna igualó en el minuto 50 el partido y, apenas unos minutos más tarde, Eusebio terminaría con las ilusiones madridistas consiguiendo dos goles en los minutos 64 y 69. El marcador reflejaba 5-3 en lo que era la constatación de un hecho: un nuevo equipo gobernaba Europa.

Si hay un club que ya estaba tardando en conquistar Europa, ese era el A.C. Milán. Y esa temporada 1962/63 lo lograría a lo grande. Por demostrar en cada campo la calidad que atesoraban futbolistas como Maldini, Trapattoni, Rivera o su goleador Altafini (que consiguió la cifra de 14 goles que aún nadie ha superado); y también por derrotar en la final al poseedor del trofeo, el Benfica que, por desgracia para ellos, no pudo renovar su idilio con el éxito otro año.

Giovanni Trapattoni dejó huella como jugador y años más tarde como entrenador.

Por otro lado, la decepción del torneo la protagonizó el Real Madrid, al que echó en dieciseisavos de final la táctica del fuera de juego, tan bien interpretada por el Anderlecht de Sinibaldi. Un empate a tres goles en el Bernabéu, tendría continuidad días más tarde con la derrota cosechada por 1-0 en el estadio de Heysel.

Entre tanto, el vigente campeón, el Benfica, debutaba goleando al Norrköping y vencía posteriormente al Dukla Praga por un escueto 2-1 de la ida. Disputaría una de las semifinales enfrentándose a un emergente Feyenoord que fue capaz de aguantar el 0-0 inicial en De Kuip. Para la vuelta en Portugal, el Benfica se empleó a fondo y los goles de Eusebio, José Augusto y Santana hicieron innecesario el marcado finalmente por Bouwmeester para los holandeses, dejando el 3-1 como resultado definitivo.

Gianni Rivera fue el interior del gran Milán de los 60.

Pero la sensación esa temporada fue el conjunto “rossonero”. Comenzando por los 14 goles que le hicieron al Luxemburgo en su debut, siguiendo por la autoridad con la que ganaron a sus siguientes rivales, el Ipswich Town y el Galatasaray turco, al que vencieron por 1-3 en la ida y 5-0 en San Siro, para acabar volviendo a golear, ya en semifinales ante el Dundee por 5-1 en San Siro, aunque perdieran 1-0 en la vuelta.

El estadio de Wembley, en Londres, fue el escenario elegido para la disputa, el 22 de mayo de 1963, de la final entre el Milán y el Benfica. En ella, se adelantaron los campeones en el minuto 19, por mediación de su delantero Eusebio, apodado como “Pantera Negra”. Sin embargo, no sería suficiente ya que, durante la segunda mitad, la defensa milanista anuló a la estrella portuguesa y Altafini se valdría para marcar en los minutos 58 y 69 los dos goles necesarios para ganar el torneo.

Un año más tarde, continuarían apareciendo candidatos a ganar el título y sería el Inter, de Mazzola y Luis Suárez, entre otros, el que dejara en la ciudad de Milán el trofeo, convirtiéndola así en la primera y, por ahora, única ciudad que cuenta con dos Campeones de Europa distintos.

Para ello hubo de superar en la final al Real Madrid, que se resistía a dejar de ser protagonista. Pero lo hizo esta vez tras producirse un hecho insólito: el secuestro durante tres días de Alfredo Di Stéfano. Sucedió el 21 de agosto, en la ciudad de Caracas, adonde había ido con el Real Madrid para jugar un torneo. Se encontraba en el Hotel Potomac, cuando el Frente de Liberación Nacional Venezolano le secuestró para obtener repercusión ante los medios de comunicación internacionales.

Di Stéfano, ante la prensa tras el secuestro.

Alfredo, junto a uno de sus secuestradores.

Volviendo a lo deportivo, el éxito del Inter de Helenio Herrera se construyó desde la base de un equipo bien organizado defensivamente. El “catenaccio” ejercido por los “neroazzurri” hacía muy difícil que sus rivales pudieran marcarle. De hecho recibieron sólo 5 goles durante toda la competición. Al Everton, le eliminaron con un 0-0 en Goodison Park y un solitario gol de Jair en San Siro; al Mónaco le vencieron 1-0 en la ida y 3-1 en el posterior encuentro del Vélodrome; al Partizan, un 0-2 de la ida y un 2-1 en Milán le enviaron para casa; y en semifinales, el empate a dos goles de la ida frente al Borussia de Dortmund obligaba a los italianos a vencer en su estadio en la vuelta, con lo que el 2-0 final colocaba a los interistas a un paso de la gloria.

El camino de los blancos fue, sin duda, más productivo en su cuenta goleadora. 0-1 y 6-0 serían los resultados con los que los “blancos” eliminaran al Rangers en primera ronda. Después, una nueva victoria a domicilio por 1-3 y otra goleada por 5-3, dejarían fuera al Dinamo de Bucarest. Ya en cuartos, el Real Madrid se las vería con el Campeón de Europa, al que venció con rotundidad por 4-1 en el Bernabéu y con el que sufrió durante el segundo tiempo con un 2-0 en contra, hasta lograr el pase en San Siro. Su duelo más complicado, si tenemos en cuenta la victoria a domicilio ante el Zurich y el posterior baño de goles y fútbol del Bernabéu: 6-0 .

Y llegó la final, jugada en el Prater de Viena el 27 de mayo de 1964. Será siempre recordada por ser la primera vez que vencía el Inter en la Copa de Europa. Se mostró siempre superior al Madrid. Marcó el primer tanto Mazzola, al filo del descanso; amplió distancias con el gol de Milani, en el minuto 60; y, aunque Felo acercara al conjunto “merengue” en el marcador en el 70, de nuevo Mazzola cerraría la cuenta en el 75, dando así el título a los italianos. Pero será también una fecha especial por ser la última ocasión en la que vimos a Di Stéfano jugar con el Madrid. Una fuerte discusión con el entrenador, Miguel Muñoz, con motivo del planteamiento que el técnico había hecho de la final, provocó que días más tarde el club anunciara la salida de la “Saeta Rubia” de la entidad de Chamartín.

El verano de 1964 España también conseguiría ser Campeón de Europa, pero lo haría en el Campeonato de Europa de selecciones. Con un equipo formado por Iríbar, Zoco, Fusté, Amancio, Marcelino y Suárez, entre otros, se impusieron a la URSS y lograron para España su primer título.

En lo que a la competición de clubes se refiere, esta edición trajo consigo la primera participación del Liverpool de Bill Shankly que, años más tarde, se convertiría en leyenda, y una nueva final entre dos equipos campeones.

Bill Shankly llevó tiempos de vino y rosas a Anfield.

Precisamente el Liverpool, tuvo una muy buena actuación que le llevó a jugar semifinales. En su inicio ganó por 11-1 al Reykjavic en el cómputo de los dos partidos. Más tarde se enfrentó al Anderlecht, al que venció 3-0 y 1-0. Ya en cuartos de final, una moneda lanzada al aire le concedió la posibilidad de seguir compitiendo cuando en el campo no lo había merecido más que su adversario, el Colonia: tras  dos empates sin goles el tercer encuentro jugado en Rotterdam tampoco solucionó las cosas, 2-2.

Finalmente alcanzó la penúltima ronda en la que tenía un hueso duro de roer, el vigente campeón.

Un campeón, el Internazionale, que para llegar ahí venció con facilidad sus compromisos ante el Dinamo de Bucarest y el Rangers, donde los goles de los españoles Luis Suárez y Joaquín Peiró fueron decisivos. En la esperada semifinal, el Liverpool presentó batalla, ganando el partido de ida por 3-1, con goles de Hunt, Callaghan y Saint John para los “reds” y de Mazzola para los “neroazzurri”. Sin embargo, en la vuelta, los goles marcados por Corso, Peiró y Facchetti dieron el pase a la final a los interistas.

Por el otro lado llegaría a la final de Milán el Benfica, que quería recuperar su lugar de prestigio. Vencieron sin complicaciones al Aris Bonnevoie, al La Chaux y al Real Madrid que, sin Alfredo Di Stéfano en sus filas, se llevó el correctivo de 5-1 en Da Luz y una insuficiente victoria en el Bernabéu por 2-1. En semifinales, otra exhibición hacía presagiar la llegada de un nuevo Benfica campeón, a tenor de la superioridad ejercida sobre el Vasas de Budapest, con las victorias de 0-1 y 4-0.

En la final disputada en el estadio de San Siro, el 27 de mayo de 1965, el Inter tenía la posibilidad de revalidar su corona y, además, hacerlo en casa. Se enfrentaban por ella dos grandes “escuadras” conocidas por estilos de juego bien diferenciados pero el campeonato se decidió, no por la genialidad de ninguna de sus estrellas sino por el error del guardameta benfiquista Costa Pereira, al que se le coló entre las piernas un disparo sin peligro del interista Jair. Fue al filo del descanso pero ya no se movería el marcador hasta el final del encuentro.

De cómo ganar 4 Champions y erigirse Rey de Europa

Posted in Actualidad on mayo 26, 2011 by Alberto Martínez Ibáñez

Ya está aquí. Ya ha llegado el momento de conocer al nuevo campeón de Europa. Muchos han sido los equipos que han intentado llegar hasta Londres, incluido el campeón vigente, el Inter de Milán que, por cierto, ha sido una sombra de lo que demostró la temporada pasada. Pero sólo dos clubes, el F. C. Barcelona y el Manchester United, podrán regalarle a sus hinchadas la experiencia de una final, y luchar así, por conseguir el que sería el cuarto título continental para ambas entidades.

Se enfrentan el mejor representante posible del fútbol inglés y el mejor también, con permiso del Real Madrid, que ya anda al acecho, del fútbol español. Los mejores equipos de las dos mejores ligas. Y en Wembley, el nuevo Wembley en realidad, que acogerá por sexta vez la final de este torneo. Se espera un espectáculo a la altura del cartel anunciado.

El nuevo estadio de Wembley inaugurado en 2007.

Para alcanzar el triunfo ambos entrenadores podrán contar con sus mejores futbolistas y, por tanto, alinear sus respectivos onces de gala. No obstante, cabe especular con la posibilidad de que Sir Alex Ferguson realice alguna variación táctica para contrarrestar el juego del medio campo “blaugrana o, incluso, que utilice a uno de sus futbolistas para eliminar exclusivamente la figura de Leo Messi. Por su parte, pese a que tengan el alta médica, ni Puyol ni Abidal se encuentran en buena forma, y eso es motivo suficiente para que a Pep Guardiola, su defensa le quite el sueño. Habrá duelo, por tanto, en la estrategia de dos de los mejores entrenadores del mundo.

Wayne Rooney controlando un balón.

Sin embargo, son los futbolistas quienes saltarán al césped el próximo sábado 28 de mayo; los que podrán llevar a la práctica lo estudiado en los días previos; los verdaderos protagonistas que demostrarán si son o no capaces de vencer en semejante empresa. Y en eso no cabe duda de que hay calidad de sobra: emana de las figuras de Giggs o el “Chicharito” Hernández, de Xavi o de David Villa, del eterno Scholes o de la magia de Iniesta, de Ferdinand o Piqué en defensa y de sus estrellas Rooney o Lionel Messi. 

Otro aspecto a tener en cuenta es el escenario del encuentro. Aunque se desplacen a Londres, los “diablos rojos” juegan como en casa, en un estadio que conocen a la perfección y con más de media grada de su parte. Pero el Barça continúa siendo favorito, a tenor de los elogios que la prensa internacional sigue atribuyéndole por su fútbol.

A menos de 72 horas, todo está dispuesto para que las aficiones disfruten de una noche inolvidable de fútbol y grandes emociones, si el volcán islandés Grimsvötn permite que estén presentes.

Imagen del volcán que mantiene en vilo el viaje de miles de aficionados.