De cómo en el mejor partido del mundo de fútbol puede uno ver de todo menos fútbol

El técnico portugués en rueda de prensa al finalizar el encuentro

¿Por qué? Esa misma pregunta se hacía José Mourinho anteanoche al finalizar el encuentro en el Santiago Bernabéu. Todos nos hacíamos, en realidad, esa pregunta por algún motivo. Algunos aficionados no comprendían por qué el colegiado alemán Stark castigó con tarjeta roja una infracción que el reglamento contempla como amarilla. Ni por qué se es tan severo con algunas infracciones y no tanto con otras tales como entradas furtivas y a destiempo (Arbeloa y Marcelo) o lesiones fingidas (Busquets, Pedro y Alves).

Otros, en cambio, eran incapaces de entender por qué el Real Madrid no salió a presionar al rival muy arriba y desde el principio, como sucediera recientemente en la final de la Copa del Rey, que tan buen resultado le daría. O por qué un equipo como el F.C. Barcelona, que “vive” de la pelota, se ve impotente con ella en los pies “simplemente” porque su contrario se encierra en defensa.

Una de las imágenes en las que no se aprecia contacto

Sobre el juego hay poco que decir. Un equipo al que le había ido bien esperar otros días tanteaba a su oponente, el cual no tenía prisa en dar el primer paso. Y así, sabedores de lo que se jugaban, todo hay que decirlo, ofrecieron una actuación muy por debajo de sus posibilidades que encareció considerablemente el valor de las entradas. Apenas unos remates lejanos que exigieron alguna mano de Casillas y la buena colocación de Valdés. Mucho ruido y pocas nueces… Hasta el minuto 60 en el que Pepe pugna con Daniel Alves por un balón dividido y comete falta por juego peligroso. Roja y a la ducha. Y el entrenador a la grada también por protestar.

O lo que es lo mismo, fin al plan de “Mou” anti-barça con el que los blaugranas no habían conseguido marcar en 270′, y dos goles de Messi, el segundo en slalom marca de la casa, que dejan las invitaciones para la final en el buzón de “Can barça”.

Messi celebrando su gol 53 de la temporada

Ciertamente, es indemostrable que el Barcelona hubiera ganado igualmente con o sin la expulsión de Pepe, o que Mourinho realmente fuera a lanzarse al ataque en el último tramo del partido con la incorporación de Kaka’, como él mismo dijo. Pero tan difícil de probar es eso como el hecho de que si, por un momento, la pelota hubiera desaparecido del campo, los jugadores de ambos equipos seguirían a estas horas repartiéndose “leña” y montando un escándalo.Y es que esa es la sensación que le queda a alguien que haya asistido a este “espectáculo” que, por esta vez, lejos de escribirse con letras mayúsculas ha de hacerse entrecomillado.

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