1956-1960. De cómo desde el principio el Madrid se hizo dueño de Europa.

Por fin, el 4 de septiembre de 1955 echó a andar la primera edición de la Copa de Europa. El primer partido lo disputaron el Sporting Clube de Portugal y el Partizán de Belgrado en Lisboa. Además, participaron otros 14 campeones de Liga en sus respectivos países. Vöros Lobogó, Anderlecht, Servette, Real Madrid, Rot-Weiss Essen, Hibernian, Djurgardens, Gwardia Varsovia, Copenhague, Stade de Reims, Rapid de Viena, PSV Eindhoven, Milán y Saarbrücken fueron quienes se enfrentaron por vez primera en esta competición. El vencedor tendría el honor de levantar un trofeo de plata, creado por el orfebre francés Arthus Bertrand, e inspirado en la figura de un ánfora griega.

Trofeo original entregado en propiedad al Real Madrid.

El torneo se desarrolló por eliminatorias a doble partido, jugando en la mayoría de las ocasiones en días festivos debido a que en los estadios no existía aún luz artificial. Era un verdadero acontecimiento que reunía a millones de espectadores ante los televisores de media Europa, que poco a poco aparecian en los hogares. Y resultó ser un torneo apasionante.

El Real Madrid debutó en la ciudad de Ginebra el 8 de septiembre frente al Servette. La eliminatoria se solventó por el cómputo global de 7-0; mismo resultado que obtendría después ante el Partizan de Belgrado. En realidad, para el Madrid, como le sucediera tambíen al Milán y al Stade Reims, las primeras rondas fueron meros trámites, dada la superioridad de estos conjuntos sobre sus rivales. La disputa de semifinales fue otra cosa. Se vivió un apasionante duelo entre el Real Madrid y el Milán, donde maravillaban el argentino Di Stéfano y el uruguallo Schiaffino. A éstos hay que añadir la eclosión de otro grande del fútbol, que esperaría, con el Stade Reims, al vencedor en la final de París: el francés Raymond Kopa.

Schiaffino pasando la pelota en un ataque milanista.

La "saeta rubia" en uno de sus innumerables regates.

El Real Madrid se enfrentaba al Milán en el Bernabéu, en un partido que ganó por 4-2,con goles de Rial, Joseito, Olsen y Di Stéfano para los “blancos”, y de Nordahl y Schiaffino para los “rossoneri”. En San Siro, la eliminatoria se presentaba abierta pero un gol de Joseito restó importancia a los dos que después marcaría Dal Monte para el Milán, dejando a los madridistas en la final de París. El otro finalista sería el Stade de Reims francés que venció en los dos partidos a su rival, el Hibernian, por 2-0 y 0-1 respectivamente, con un Raymond Kopa espectacular que ya deslumbraba a Europa.

El 13 de junio de 1956, el estadio del Parque de los Príncipes de París presentaba un aspecto magnífico, con 38.239 espectadores dispuestos a disfrutar de un gran partido de fútbol. Y no defraudó, ya que tuvo calidad, goles y una alternancia en el marcador que mantuvo la incertidumbre hasta los últimos minutos. Leblond y Templin marcarían primero para los franceses, aunque Di Stéfano y Rial empatarían el partido estando aún en la primera parte. En la reanudación del encuentro, Hidalgo volvería a marcar para el Stade Reims, lo que obligaría al Madrid a remontar en los últimos 20 minutos. No fue fácil pero, primero Marquitos y finalmente Rial, le dieron a los “merengues” la primera Copa de Europa.

La celebración al año siguiente, de la segunda edición del torneo, unida a la incorporación de los campeones de Inglaterra, Checoslovaquia, Rumanía, Luxemburgo, Bulgaria y Turquía, dieron muestra del éxito que había supuesto la idea del periodista Gabriel Hanot.

En España, el Atlético de Bilbao, que así se llamaba por entonces, participó como campeón de la liga española, acompañando así al Real Madrid, que defendía por primera vez el título. Además, los madridistas estrenaban fichaje. Nada menos que Raymond Kopa, futbolista en quien se fijó Santiago Bernabéu y con quien comenzó a armar un equipo de ensueño.

Raymond Kopa.

La temporada dejó el buen papel desempeñado por los vizcaínos, que alcanzaron los cuartos de final y estuvieron a punto de eliminar al Manchester United. Por otro lado, en San Mamés se pudo ver la primera actuación del mítico Ferenc Puskas que, aprovechando uno de los viajes con el Honved decidió no regresar a Budapest tras la invasión soviética de Hungría.

La naturaleza del torneo jugado por eliminatorias, daba como resultado la presencia de los más fuertes en las últimas rondas: en este caso se enfrentaron la Fiorentina y el Estrella Roja por un lado, y el Real Madrid y el Manchester United por otro. Los italianos vencieron su duelo gracias al único gol de los dos partidos marcado por Prini en el minuto 88 del primero. Los “blancos” encarrilarían la eliminatoria ganando 3-1 en Chamartín con goles de Rial, Di Stéfano, Mateos, y Taylor para los “diablos rojos”. En Old Trafford se produjo un 2-2, con goles marcados por Kopa y Rial para los “merengues” y por Taylor y Charlton para los locales, clasificando así al Real Madrid para la final por segundo año consecutivo.

Alineación titular de la final de la segunda.

Y resultó que el 30 de mayo de 1957, el Bernabéu fue una fiesta. Acogía la final del torneo al haber conquistado el título el año anterior y su equipo vencería ante su público. El resultado de 2-0 dejó clara la diferencia esa tarde sobre el césped. Los goles los marcaron Di Stéfano de penalti en el minuto 68 y Gento en el 75. Por segunda vez el Madrid se había convertido en Campeón de Europa.

La tercera edición de la Copa de Europa tendría unos protagonistas inesperados, y no por sus éxitos deportivos sino por su trágico desenlace. El 6 de febrero de 1958, la expedición del Manchester United sufrió un accidente de avión al regreso de Belgrado, tras la disputa de los cuartos de final. El viaje tenía escala en Münich donde caía una fuerte nevada. Al continuar con el vuelo el avión se estrelló nada más rebasar la pista de  despegue. 19 pasajeros fallecieron en el siniestro, entre ellos 8 jugadores y el entrenador Whalley. Especialmente llamativo fue el caso de Duncan Edwars, quien desde la cama de un hospital tuvo en vilo a miles de aficionados durante dos semanas hasta su final fallecimiento.

Así quedó el avión tras el impacto.

A punto de embarcar, esta es la última imagen de algunos de ellos con vida.

En lo deportivo, el Sevilla participó como premio al haber ganado la liga ese año, la única que a día de hoy posee. Debutó frente al Benfica ganándole 3-1 en Nervión y manteniendo su renta en Da Luz. Pasó en octavos sin problemas y, ya en cuartos, se cruzó con el Madrid. En Europa ese era un escollo que no podía superar. En el Bernabéu le cayó un contundente 8-0 y para la vuelta tan solo pudieron empatar a dos goles. El conjunto merengue llegó a semifinales donde jugaría con el Vasas. De esta eliminatoria quedaría para la posteridad la celebración de la “Saeta Rubia” tras marcar el último gol de un partido que acabó con 4-0. Dos semanas después perdería 2-0 pero la foto, ya estaba hecha.

Una imagen de leyenda.

En la otra semifinal se encontraba el Milán, que tuvo que superar al Rapid de Viena en la primera ronda, utilizando un partido de desempate con el que se llegó al marcador global de 10-8. Posteriormente derrotaron a los escoceses del Rangers y al Borussia de Dortmund, ambas eliminatorias por 6-1 y 5-2,respectivamente. Con esta trayectoria se presentaba el poderoso Milán de los Buffon, Maldini y Schiaffino ante los restos del United; un equipo desgajado por la tragedia que se había recompuesto con algunos supervivientes y la incorporación de jóvenes talentos, aún muy jóvenes para tamañas empresas. Aun así, mostraron al mundo su casta y lograron una victoria en el encuentro de ida. El gol de Schiaffino fue remontado por Viollet y Taylor para cerrar el resultado de 2-1. Pero en San Siro, los “rossoneri” no podían dejar escapar la posibilidad de jugar una final y endosaron a los ingleses un 4-0, con dos goles de la estrella urugualla Schiaffino y otros dos de Liedholm y Danova.

La final se disputaría el 28 de mayo de 1958 y aún se recuerda por muchos como la final con mayor calidad de la historia. El estadio de Heysel presenciaba por primera vez este espectáculo y se llevó para siempre un recuerdo imborrable. Marcaron los grandes, todos ellos en la segunda parte. Schiaffino y Grillo para los milanistas, y Di Stéfano, Rial y Gento para los madridistas. 3-2 fue el resultado que elevó de nuevo al Real Madrid a lo más alto del fútbol.

La temporada 58/59 fue el Atlético de Madrid el que luchó por los intereses del fútbol español. Unido, eso sí, al Real Madrid, que se había acostumbrado a defender su hegemonía. Los rojiblancos debutaron frente al Druncondra, al que endosaron un 13-1 total. Más tarde necesitarían de un partido de desempate para vencer al CDNA Sofía tras el 2-2 global, ganando a su adversario por 3-1 en el escenario neutral de Ginebra. Ya en cuartos, se enfrentaron al Schalke 04 al que vencieron 3-0 en casa y con el que empataron en Alemania. Muy buena fue la imagen de los “colchoneros”, sin duda, en la que era su primera participación, llegando a crear más problemas que nadie a su eterno rival.

El Real Madrid, transitaba una vez más por Europa sabiéndose superior. Eliminó al Besiktas turco y, posteriormente, al Viena, dejando en entredicho la calidad de su portero tras el 7-1 de la vuelta.

Enrique Collar; junto a Peiró formaron un ataque de ensueño.

La semifinal fue bien distinta. Necesitó de hasta tres partidos para encontrar un vencedor. El primero, jugado en Chamartín, lo ganó el Madrid por 2-1, con goles de Chuzo en el minuto 13, y de Rial y Puskas después. Dos semanas más tarde, ya en el Metropolitano, el Atleti igualó la eliminatoria con un gol de Collar. El tercer y definitivo encuentro se disputaría en La Romareda y los tantos de Di Stéfano, Collar y Puskas dejaron el resultado de 2-1 y al Real Madrid, de nuevo en la final.

Iban pasando los años y el Madrid iba acumulando escenarios, pero esta vez repetiría contrincante. Sería el Stade Reims, ex equipo de Raymond Kopa, que aún tenía en sus filas a Leblond y a Fontaine. Para llegar hasta allí, los franceses superaron al Ards, al HPS, al Standard de Lieja y al Young Boys suizo, que llegó a pegarle un susto venciéndole en la ida.

Y llegó el 3 de junio de 1959, día en que en Stuttgart se disputó la cuarta final de la Copa de Europa. El partido tuvo poca historia, salvo el hecho destacable de que fuera esa tarde la última vez en que se vio a Kopa con la camiseta del Real Madrid. Eso y la emoción que los dos goles madridistas, marcados en el primer minuto de cada tiempo, pudieron transmitir. Porque ese fue el resultado que valió un nuevo trofeo.

La quinta edición del torneo también sería la quinta vez que el Real Madrid lograra la victoria. Aún hoy ningún club ha conseguido esa proeza de forma consecutiva, y sólo el Milán y el Liverpool, han alcanzado esa cifra de trofeos. Además, venció a lo grande, dejando destellos de calidad frente a los mejores equipos.

Una vez más, por España participaba otro club, al margen del Real Madrid. En esta ocasión era el F.C. Barcelona de Helenio Herrera, que consiguió ganar liga y copa en nuestro país. Desarrollaron una gran competición dejando en el camino al CDNA Sofía, al Milán, al que vencieron 0-2 en San Siro y 5-1 en la vuelta, y al Wolverhampton al que endosó un 9-2 global. Y llegó, de nuevo, una semifinal disputada entre españoles. El conjunto blanco había tenido un camino sencillo frente al Jeunesse y al Niza y se vería obligado a superar al Barça, que se postulaba como alternativa, si quería revalidar el título.

Helenio Herrera, técnico del Barcelona.

Sin embargo, la eliminatoria no acabaría siendo lo igualada que se esperaba, y el Real Madrid terminaría venciendo sin problemas por idéntico resultado, tanto en la ida como en la vuelta: 3-1. Los goles en el Bernabéu de Di Stéfano y Puskas y los del Camp Nou de Puskas y Gento, hicieron inútiles los marcados por Martínez y Kocsis. El resultado daba con el Madrid en Glasgow y los “culés” eliminados.

Allí le esperaba el Eintracht de Francfort, primer equipo alemán que llegaba tan lejos.Para ello, superó a los suizos del Young Boys, al Viena y al Rangers de Glasgow a los que castigó duramente con sendas goleadas: 6-1 en casa y 2-6 en Ibrox Park.

Cartel con el que se anunció la final de 1960.

El 18 de mayo de 1960, en el estadio Hampden Park de Glasgow, se vivió la que aún se recuerda como la mejor final que se haya visto. Congregó nada menos que a 120.000 aficionados que pudieron disfrutar en directo de semejante espectáculo. La tarde comenzó con un gol de Kress, para el Eintracht, a los 10 minutos de juego. Pero lo que empezaba como sorpresa rápidamente fue subsanado por los futbolistas “merengues”. Di Stéfano dio la vuelta al marcador en los minutos 27 y 30. Más tarde, al filo del descanso, marcaría Puskas el tercero. Y tras la reanudación, en el 56 y en el 60, “Cañoncito Pum” lograría dos dianas más. Al Madrid sólo le quedaba disfrutar y dejar que corrieran los minutos. Aunque el conjunto alemán sacó su orgullo para anotar, por mediación de Stein, dos goles, en los minutos 64 y 71, que maquillaban de alguna forma el resultado. No obstante, Alfredo Di Stéfano aprovecharía una ocasión más para hacer un nuevo gol y engrandecer un poco más, si cabe, su figura y el recuerdo de este partido en la memoria de los aficionados al fútbol. Al término del encuentro el marcador reflejaba un 7-3 a favor del Real Madrid. Ganaban su quinta Copa de Europa probablemente el día en que hicieron su mejor fútbol.

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